¿Somos lo que comemos?

buford_bigSi esta frase tan conocida fuera cierta, yo fuera -carne asada o cerveza-, mi esposa -sopa de frijoles-, mi hijo -hamburguesa- y mi hija -lasagna-, como referencia de lo que nos gusta comer mas seguido, pero por suerte no es asi, y como a muchos nos toca aprender en la vida a base de expericencias, he valorado mucho después de años de comer sin medida los magnificos resultados de alimentarse sanamente y de la importancia del ejercicio diario en nuestra vida. Aprender a decir -no- a ciertas comidas aunque por dentro me retuerza de las ganas por comerlo y como resultado de esa autodisciplina espero ganar unos años más de vida sana y como beneficios de la misma, puedo decir que no padezco de enfermedades comunes frecuentes: cero gripes, estreñimientos o dolores de cabeza, etc.

Es bueno que conozcamos por eso, que buena parte del funcionamiento de los nervios que recorren nuestro cuerpo y de las neuronas que dan vida a nuestro cerebro, dependen de los carbohidratos, grasas, proteína y demás nutrientes que nos llevamos a la boca. 

Nuestros pensamientos, actitudes, conductas y estados de ánimo no sólo se alimentan de nuestras experiencias personales, familiares y sociales, sino también de las comidas y bebidas que ingerimos, las cuales influyen en nuestra bioquímica cerebral. 

Un breve repaso a las últimas investigaciones sobre el nexo mente-estómago, sugiere que comiendo mejor nos sentimos mejor, además de ahorrarnos muchas visitas al médico

La fibra levanta el ánimo 

Esta sustancia vegetal, que está presente en las verduras, cereales, frutas y legumbres, y regula el tránsito intestinal y previene el estreñimiento, beneficia nuestra salud psicológica y actividad mental. Una dieta baja en fibra hace que las toxinas pasen a la sangre originando una autointoxicación, que causa dolor de cabeza, decaimiento, desánimo, cansancio, nerviosismo e irritabilidad, condiciones que mejoran de inmediato al reincorporar la fibra a la dieta: enseguida mejora el ánimo, nos sentimos optimistas y nuestra actividad física y mental se reactiva.

El mejor menú neuroquímico 

Así como los neurotrasmisores influyen en nuestro ánimo y funciones mentales, nuestra dieta afecta los niveles de estos mensajeros químicos cerebrales que trasmiten los impulsos nerviosos entre las neuronas, permitiéndonos pensar, sentir y reaccionar. 

Para comunicarse entre sí y dar órdenes a nuestro organismo a través del sistema nervioso, las células cerebrales necesitan a los neurotrasmisores y para que éstos se mantengan en cantidades adecuadas a su vez se necesita ingerir las comidas que contienen los compuestos que ayudan a formar los neurotrasmisores. 

Un neurotrasmisor clave es la serotonina, que mejora el ánimo, produce bienestar y relaja. Si su nivel baja debido a una dieta deficiente o al abuso de alcohol, surgen la depresión, el desinterés y las conductas compulsivas. La leche, las proteínas y los carbohidratos, ayudan a elevar su nivel. 

La dopamina y la norepinefrina son excitantes y aumentan la actividad mental; si escasean se producen cambios de humor bruscos. Los alimentos que ayudan a generar estas sustancias son las proteínas animales, los cereales y las legumbres. 

El déficit de acetilcolina, debido a una alimentación insuficiente, rebaja la capacidad mental y la memoria. Los huevos, la soja y derivados, así como las proteínas animales contribuyen a que el cerebro produzca esta sustancia en niveles óptimos. 

Alimentar el cerebro sin prisa 

Comer rápidamente alimentos elaborados con rapidez, ocasiona problemas digestivos, fomenta la acumulación de colesterol y el riesgo de dolencias cardíacas, y favorece el aumento del peso y las deficiencias de nutrientes. 

Pero además, la “comida rápida” castiga la mente y el cuerpo, debido a que hace perder la sensación de placer, que a nivel cerebral se logra mediante el reposo en la mesa, y parece estimular las zonas del encéfalo relacionadas con el estrés. 

Hay que alimentarse mejor para pensar mejor y sentir mejor: si prescindimos de ciertos alimentos, prescindimos de sabores, olores y texturas, y nos privamos de desarrollar parte de nuestro cerebro, inteligencia y sensibilidad.

Para desacelerar la mesa, los expertos aconsejan incorporar a la vida una buena ración de placeres sensuales, para disfrutarlos de forma lenta y prolongada, como una comida preparada en la cocina, un buen vino y una sobremesa agradable. 

También proponen regresar al almuerzo de dos horas y a las cenas largas, cocinar sin prisas, saboreando la elaboración, paso a paso, y desarrollar el paladar, redescubrir los olores y sabores de las comidas regionales y desterrar las comidas rápidas.

Por suerte no somos lo que comemos, pero lo que comemos influye directamente en nuestra calidad de vida.

3 comentarios to “¿Somos lo que comemos?”

  1. Susyaluzza Says:

    Y lo que tomamos…….
    Hey Petercillo, y el chat cuando?????
    Saludos, y exitos en todo lo que haga
    bye

  2. Entonces yo seré cerveza, limonada y horchata… gracias por los buenos deseos.

  3. Crista Says:

    A mí me gustan mucho las frituras, son mi debilidad. Y a lo mejor si es cierto eso de que somos lo que comemos, no es lo mismo comer una dona grasosa que te dan en una bolsa de plástico que unos churritos que además ayudan a la ecología, jiji. Sí, de veras, hicieron unas bolsitas metalizadas que no van a contaminar el ambiente, eso dicen http://www.barcel.com.mx
    YO sisiento que tngo conciencia social, al menos la reflejo en lo que como.

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